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martes, 23 de abril de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
Hoy Martes 16/4 no tenemos clases
Mail del Profesor Fernández:
"Por razones de fuerza mayor en el día de la fecha no concurriré al Instituto. No hay clases de Mundiales II y P.H.Americanos I
Por favor avisar a los compañeros"
"Por razones de fuerza mayor en el día de la fecha no concurriré al Instituto. No hay clases de Mundiales II y P.H.Americanos I
Por favor avisar a los compañeros"
Una escuela para la inclusión
SILEONI INAUGURO EL CICLO LECTIVO DEL BACHILLERATO ORIENTADO A PERSONAS TRANS
El ministro abrió las clases e inauguró la ampliación del edificio de Chacarita que se hizo con un subsidio del gobierno nacional. “Hay muchas personas como nosotros que tenemos ganas de estudiar y salir adelante”, explicó la abanderada de la escuela.
La población trans de Capital Federal vivió ayer un día particular por el inicio del segundo ciclo lectivo del Mocha Celis, el primer bachillerato popular orientado a personas transgénero, en el barrio de Chacarita. Además del comienzo de clases, los alumnos y profesores estrenaron aulas e instalaciones gracias a los aportes del Ministerio de Educación de la Nación, cuyo titular, Alberto Sileoni, estuvo presente en la ceremonia.“Hay muchas personas como nosotros que tenemos ganas de estudiar y salir adelante. Yo quiero que sean convocadas a estudiar, que no pierdan sus derechos porque hay oportunidades”, aseguró a Página/12 la joven abanderada trans Virginia Silveyra, quien empezó ayer segundo año.
Su presente de excelente rendimiento educativo e inclusión contrasta positivamente respecto de su pasado en su Salta natal. Debido a la discriminación que padeció, esta joven de 28 años nunca pudo pasar de primero del polimodal en su adolescencia, a pesar de que se cambió de escuela cinco veces. “Yo venía del fracaso escolar, vivía cambiando de escuela. Acá me esforcé en estudiar y hacer las cosas bien. Me encontré con gente en la misma situación que yo. Somos muy unidos, se armó un lindo grupo en el que compartimos todo”, confió.
jueves, 11 de abril de 2013
Los niños salvajes
LA INFANCIA EN EL MUNDO ACTUAL
Un niño siempre es un extranjero para los padres que lo reciben –advierte el autor de esta nota–, pero a muchos niños hoy se les atribuye no ya la figura del extranjero, sino la del extraterrestre o la del salvaje, y “en éstas, el carácter inquietante de la extranjeridad infantil se desliza hasta convertirse en una extrañeza imposible de reconocer o metaforizar”.
Por Leandro de Lajonquière *Cierta vez, en 2003, durante un seminario que dicté en la Universidad de Brasilia, alguien comentó que le había preguntado a un niño: “¿Qué es la infancia?”. El niño, de unos diez años, respondió: “La infancia es eso de lo que hablan los adultos cuando recuerdan que fueron niños”. En 2004, en un curso de posgrado en la Universidad Nacional del Comahue, comenté aquella pregunta, y una alumna se la formuló a su hija, de ocho años, que le contestó: “Esa no es una pregunta que se le haga a un niño”. En estas respuestas, los niños niegan poseer aquello que, según suponen los adultos, tienen: el saber sobre la infancia. Los niños señalan que, al contrario de lo que se imagina, los adultos son los que poseen ese saber. El primer niño afirmó que el adulto es el que hace existir a la infancia en su habla y, por lo tanto, posee un saber acerca de ella; la infancia es del orden de un relato adulto. La segunda niña califica la pregunta como inadecuada para los menores, implicando que única y exclusivamente debería ser hecha a los adultos. La pregunta adulta, en cambio, presupone la existencia de un nexo connatural entre “ser niño” y la infancia.
Se ha tornado un hábito intelectual hacer referencia a la infancia como invención social, en relación con la polémica abierta por el ya clásico trabajo de Philippe Ariès sobre el surgimiento del “sentimiento de infancia”. (L’enfant et la vie familiale sous l’Ancien Régime; 1973). Si la infancia es una invención social, con fecha de aparición más o menos precisa, se entiende que entre los niños y la infancia no haya una relación natural y dada para siempre. Otras investigaciones han recordado esa falta de connaturalidad, pero no para señalar la “invención” de la infancia sino, por el contrario, su posible desaparición. Es lo que sentencia, por ejemplo, el norteamericano Neil Postman, (The disappearance of childhood; 1982), refiriéndolo a la utilización masiva de medios electrónicos de comunicación como el telégrafo, primero, y la televisión, tiempo después, que habrían desplazado el lugar de la escritura y sus secretos en nuestras vidas. Son numerosas las tesis acerca del origen y de los factores responsables, tanto por el surgimiento como por la desaparición del sentimiento de infancia o directamente de la infancia, a veces calificada como moderna, a veces como simple infancia.
Nota Completa en
sábado, 6 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Sobre la discusión con Velano
El poder que se ejerce al estar al frente de un aula no posee punto de comparación con los saberes de los alumnos, ya que el docente asume la direccionalidad de las discusiones, posee poder de veto y puede dar por concluído cualquier intercambio de opiniones cuando lo crea necesario. Además, siendo quién evalúa, al final del ciclo, tiene en sus manos la aprobación o no de la materia. No es lo mismo discutir con un profesor en el aula que discutir con ese mismo profesor en un café: en un café ya no es más profesor.
No debemos permitir las ideas antidemocráticas que enarbola la derecha, aún viniendo de gente bien intencionada como Velano: "ni un tantito así".
Con respecto al hecho histórico que desató la discusión, les dejo un material. Saludos.
No debemos permitir las ideas antidemocráticas que enarbola la derecha, aún viniendo de gente bien intencionada como Velano: "ni un tantito así".
Con respecto al hecho histórico que desató la discusión, les dejo un material. Saludos.
Ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29
El domingo 5 de octubre de 1975 la organización
guerrillera Montoneros
realizó un ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29, al Casino de
Suboficiales de dicha fuerza y al Aeropuerto "El Pucú"
de la ciudad de Formosa en la provincia homónima, Argentina. En
el asalto, al que suele denominárselo Operación Primicia, participaron
siete pelotones de combate compuestos por más de 50 guerrilleros, en su mayoría
vestidos con uniforme militar, empleando casi 20 automóviles que utilizaron
para la fuga. Conducidos por el soldado entregador, el santafecino Luis Roberto Mayol, sabían
bien dónde se hallaban las diversas armas.1
En el hecho se produjo un enfrentamiento armado que le ocasionó al Ejército 12
bajas, entre muertos y heridos, en su mayoría soldados que estaban realizando
el servicio militar obligatorio.
Luego de robar cincuenta fusiles automáticos FN FAL, los
atacantes se dirigieron al Aeropuerto local, desde donde, previa confrontación
armada con algunos militares que se hallaban en esa zona, escaparon en una
avioneta Cessna
que aterrizó en un campo correntino; y en un Boeing 737
de Aerolíneas Argentinas que bajó en una pista
improvisada en las cercanía de Angélica, Provincia de Santa Fe. Al día siguiente el
entonces presidente provisional Ítalo
Luder dio a conocer los decretos
2770, 2771, y 2772 creando un Consejo de
Seguridad Interior integrado por el presidente y los jefes de las fuerzas
armadas, y extendiendo a todo el país la orden de "aniquilar el accionar
de los elementos subversivos".
En el Regimiento 29 de Infantería de Monte ubicado en la ciudad de Formosa funcionó un centro clandestino de
detención durante la dictadura militar iniciada en
1976, utilizado para detenidos, cuyo responsable era el
comandante de Gendarmería (R) Horacio Rafael Domato. El Centro estaba en la
jurisdicción del II Cuerpo de Ejército y su jefatura dependía de la VII Brigada
de Infantería de Corrientes al mando del general Cristino Nicolaides.
miércoles, 3 de abril de 2013
“Sinvergüenzas, hijos de mala madre”
TESTIMONIO CONTRA LOS REPRESORES QUE ACTUARON EN LA PERLA
Lo brindó José Solanille, un peón rural que vivía a 500 metros del centro clandestino de detención cordobés. Hizo un pormenorizado relato de las atrocidades que allí se cometieron. Contó de los fusilamientos y de las fosas comunes.
Por Marta PlatíaEl arriero José Julián Solanille, de 83 años, sólo encontró en su vocabulario de campesino insultos y descalificaciones para retratar a los autores de las torturas y el asesinato de cientos de personas; para describir los hedores de los cuerpos quemados, las fosas repletas de cadáveres y los aullidos de los prisioneros de La Perla. Un sitio que distaba, según precisó al dar su testimonio en el juicio por los crímenes cometidos en ese centro clandestino de detención, “a unos 500 metros” de donde se encontraba su propia casa.
“A principios de 1976 –arrancó– yo vivía ahí con mi mujer y mis seis hijos ahí cerquita de la cárcel de La Perla. Desde el 24 de marzo lo que ya venía viendo empeoró: se llenó de gente la cárcel y empezaron los gritos todas las noches. Desgarradores gritos todas las noches, señor juez. Mi mujer tenía miedo, se quería ir de ahí. Pero yo no sabía dónde ir, dónde si ahí tenía trabajo. Ahí es cuando empecé a ver lo que estos atorrantes, sinvergüenzas, hijos de mala madre estaban haciendo.”
Entre los imputados, Solanille reconoció a Luciano Benjamín Menéndez, a quien dijo haberle “tenido aprecio alguna vez”, ya que le calzó uno que otro caballo; al “Nabo” Ernesto Barreiro; al “capitán (Exequiel) Acosta”, alias “Rulo”; a Pedro Vergez, alias “Vargas”, y a Luis Manzanelli.
Recordó cuándo escuchó por primera vez el apodo de Barreiro: fue por boca de la mujer de un paracaidista de apellido Baigorria. “Me acuerdo que el marido tenía un Chevy amarillo. Venían y este señor dejaba a la señora, que era muy linda, en mi casa. Una vez ella salió al campo con un termo y estaba cerquita de la cárcel. Se sentían gritos. Se escuchaban muchos gritos de chicas. Entonces los dos vimos pasar a Barreiro como a unos ocho metros. Ella me dijo entonces ‘ahí va el Nabo. Vas a ver cómo se va a acabar el griterío de las putas ésas’.”
Barreiro se rió como si hubiese escuchado el mejor de los chistes. Pero su mano izquierda lo traicionó con un movimiento hiperkinético sobre su rodilla. El otro que no pudo con su propio cuerpo fue nada menos que Menéndez. Su pose impertérrita, pétrea, sostenida durante los seis juicios que lleva por delitos de lesa humanidad, estalló en añicos durante el testimonio de Solanille: estuvo sentado de lado en su butaca, el torso hacia adelante, el pecho casi tocándole los muslos en dirección al arriero. No quiso perder palabra de lo que dijo Solanille. Se molestó y masculló insultos por lo bajo en algunos pasajes, y varias veces levantó la mano para replicar. El juez le ordenó silencio. Sólo le admitió una queja: que el declarante “no debe calificar a los represores”. Pero ni eso lo tranquilizó: Solanille lo vio al frente de un fusilamiento masivo y dio cuenta de ello.
“Estaba con otro compañero en la Loma del Torito. Habíamos visto la fosa cavada. Unos cuatro metros por cuatro. Tenían a toda la gente en dos filas. No sé, eran muchas personas. Como cien. Algunos vestidos, otros totalmente desnudos. Estaba Menéndez. El había llegado en un (Ford) Falcon blanco. Yo lo había visto. Sabía que se venía algo grande. Y ahí estaba, con su fusil. No lo vi disparar. Pero él dio la orden. La gente estaba encapuchada o vendada o tenían unos anteojos... Los que no tenían nada, los que podían ver, gritaban. Unos hasta corrieron. Pero los mataron por la espalda. Ahí nos rajamos con mi amigo. Estábamos cagados de miedo. Nos habíamos arrastrado hasta arriba de la loma, pero bajamos corriendo. Después se ve que los quemaron. Tiraron explosivos. El humo con ese olor espantoso se vino para mi casa. Era insoportable. Mi mujer y mis hijos se quejaban. Era horrible.”
Solanille contó que días después pasó por el lugar y vio que habían tapado la fosa: “Se ve que estaba muy llena, porque sobró mucha tierra”. También recordó cuando una perrita que tenía comenzó a llevar a la cucha “huesos chiquitos, cabecitas muy chiquitas...”. Allí se quebró. Se cubrió los ojos celestes con una de sus manos y sollozó: “Perdónenme abuelas, pero la perrita traía manitos, bracitos, batitas celestes y rosas...”
El ternero y los cadáveres en el pozo
Solanille recordó también la vez que uno de sus terneros cayó en un pozo y lo rescataron con otro campesino y unos soldados: “Tenía más de 18 metros. El animalito estaba parado. Pero alrededor había muchos cuerpos. Era espantoso. Salía un olor horrible. Había mucha gente muerta. Cabezas, piernas, brazos retorcidos, una chica con el pelo despeinado, para adelante... Sacamos el ternero. Un olor bárbaro tenía... Cuando volvimos después con los jueces y la Conadep, costó encontrar ese pozo, porque le habían hecho una loza de material arriba, y habían construido una casa cerca. Pero yo sé bien que ahí abajo estaba el pozo donde se cayó el ternero”.
El hombre dijo haber contado “más de doscientos pozos”, algunos grandes, otros más chicos. Todas tumbas. “Eran tumbas porque tiraban a la gente adentro y siempre sobraba tierra. A veces los enterraban tan mal que las lluvias lavaban el terreno y salían los huesos... Entonces los animales los agarraban. Los llevaban a mi rancho... Además el olor. Quemaban los pozos y, cuando había viento norte, el humo con ese olor de cristianos quemados llenaba mi casa. Con mi mujer discutíamos. Yo me había vuelto casi loco. Tanto que me fui a dormir a un rancho más adentro del campo para no tener tantos problemas. Ni una sola noche desde que vi todo eso me he podido olvidar de La Perla”, soltó. Y de nuevo los insultos “a estos vándalos, atorrantes, asesinos”.
Contó, además, de “la primera y única vez” que vio pasar un helicóptero por La Perla. “Fue el 3 de mayo de 1976. Iba a caballo y vi que tiraron como dos bolsas de papas. Eran dos chicas.”
Según Solanille, “algunas mujeres la pasaron muy mal, fueron muy maltratadas antes de que las mataran”. Dijo haber presenciado “una fiesta donde habían llevado a algunas chicas y las hacían chupar vino, se las tiraban unos con otros. Era espantoso”. Y también recordó un día que vio a “muchos jóvenes al sol, todos con los ojos vendados, las manos y los pies atados y, a un costado, llorando, a un chiquito de unos cuatro, cinco años”.
Solanille dejó casi sin preguntas a la defensa. Tan contundentes fueron sus dichos, a pesar de que, como era previsible, se intentó aducir “su pérdida de memoria por la edad”. Una afirmación que hizo sonreír a más de uno en la sala, considerando la minuciosidad de su relato.
Antes de terminar su declaración, memoró cuando una bala perdida casi lo mata a él: “Pero le dio a la yegüita en la que yo iba montado. Cuando me bajé, me manché con su sangre”. Furioso, volvió a darse vuelta y miró a los imputados. “Mire señor juez, los tengo acá, atrás, en mi espalda. Cuídeme, porque son capaces de cualquier cosa. Yo los he visto. De cualquier cosa.”
Antes de levantarse de su silla, el arriero pidió que “el juez y los periodistas” tomaran nota de algo: “Quiero decir que donde todos murieron, yo resucité. El año pasado, el 24 de marzo, cuando fui a La Perla, me infarté. Y si no fuera por los chicos de HIJOS, no estaría acá. Ellos me salvaron y no me morí por diez minutos, me dijo el médico. Emiliano Fessia (encargado de ese espacio de la Memoria) y los chicos me salvaron. Tanta gente que murió ahí y ahí yo resucité”, repitió, ya casi como para sí mismo.
Menéndez lo contemplaba, aún, doblado sobre sí mismo. La cara descompuesta, escuchando al único testigo que lo vio haciendo lo que todos saben que hizo y que el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército no niega: dirigir y ordenar la tortura y la matanza de cientos de personas en el campo de concentración más grande que ha existido en Córdoba. El de Solanille ha sido uno de los testimonios más terribles y definitivos de los que se han escuchado en lo que va de este juicio.
martes, 2 de abril de 2013
La luna con gatillo
Raúl González Tuñón
Es preciso que nos entendamos.Yo hablo de algo seguro y de algo posible.y vivan dignamentey es posible saber algún díamuchas cosas que hoy ignoramos.Entonces, es necesario que esto cambie.El carpintero ha hecho esta mesaverdaderamente perfectadonde se inclina la niña doraday el celeste padre rezonga.Un ebanista, un albañil,un herrero, un zapatero,también saben lo suyo.El minero baja a la mina,al fondo de la estrella muerta.El campesino siembra y siegala estrella ya resucitada.Todo sería maravillososi cada cual viviera dignamente.Un poema no es una mesa,ni un pan,ni un muro,ni una silla,ni una bota.Con una mesa,con un pan,con un muro,con una silla,con una bota,no se puede cambiar el mundo.Con una carabina,con un libro,eso es posible.¿Comprendéis por quéel poeta y el soldadopueden ser una misma cosa?He marchado detrás de los obreros lúcidosy no me arrepiento.Ellos saben lo que quiereny yo quiero lo que ellos quieren:la libertad, bien entendida.El poeta es siempre poetapero es bueno que al fin comprendade una manera alegre y terriblecuánto mejor sería para todosque esto cambiara.Yo los seguíy ellos me siguieron.¡Ahí está la cosa!Cuando haya que lanzar la pólvorael hombre lanzará la pólvora.Cuando haya que lanzar el libroel hombre lanzará el libro.De la unión de la pólvora y el libropuede brotar la rosa más pura.Digo al pequeño curay al ateo de reboticay al ensayista,al neutral,al solemney al frívolo,al notario y a la corista,al buen enterrador,al silencioso vecino del tercero,a mi amiga que toca el acordeón:-Mirad la mosca aplastadabajo la campana de vidrio.No quiero ser la mosca aplastada.Tampoco tengo nada que ver con el mono.No quiero ser abeja.No quiero ser únicamente cigarra.Tampoco tengo nada que ver con el mono.Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombrey no quiero ser, jamás,una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.Ni colmena, ni hormiguero,no comparéis a los hombresnada más que con los hombres.Dadle al hombre todo lo que necesite.Las pesas para pesar,las medidas para medir,el pan ganado altivamente,la flor del aire,el dolor auténtico,la alegría sin una mancha.Tengo derecho al vino,al aceite, al Museo,a la Enciclopedia Británica,a un lugar en el ómnibus,a un parque abandonado,a un muelle,a una azucena,a salir,a quedarme,a bailar sobre la pieldel Último Hombre Antiguo,con mi esqueleto nuevo,cubierto con piel nuevade hombre flamante.No puedo cruzarme de brazose interrogar ahora al vacío.Me rodean la indignidady el desprecio;me amenazan la cárcel y el hambre.¡No me dejaré sobornar!No. No se puede ser libre enteramenteni estrictamente digno ahoracuando el chacal está a la puertaesperandoque nuestra carne caiga, podrida.Subiré al cielo,le pondré gatillo a la lunay desde arriba fusilaré al mundo,suavemente,para que esto cambie de una vez
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